Mi mata de mango

Por: Sheila Vargas Rojas

 

Hay quien piensa que Venezuela huele a café. Otros a cacao. Pero a mí me huele a mango madurito, caído de la frondosa mata que había en casa de mi abuela.

También al carato que nos hacía en semana santa tan solo por consentir y ser la abuela más bella – como lo son todas y juro que la mía mucho más-

Ese enorme árbol había sido plantado cuando ella llegó a esa casa, creo que por los años 50 del siglo pasado. Así que de cierta manera se erigía sobre la voluntad que tuvo de echar para adelante a sus hijos.

Llegaba a una ciudad en donde nadie la conocía y después fue un personaje de referencia. Alguna vez contaré porqué.

Mi abuela nos cuida desde el cielo. Y el árbol ya no está. Creció tanto que tras varios temporales -de esos que en Maturín caen- sus ramas se fracturaron y golpearon demasiado el techo. Había que tomar la decisión.

Pero en mis recuerdos está. Y en muchas de las fotos familiares también. Cuando en él pienso vuelven los aromas. Entonces me inspiro, cocino y allí de nuevo soy feliz. Como en mi infancia. Y como siempre lo he sido.

Instagram: @sheemprende

9 Comments

  1. Ir al pasado por elección, solo para recordar los gratos momentos, es lo ideal. Ya que estar en el presente es la orden del día. Está historia me llevo al patio de mi tía en el Tigre, ahora en el cielo, pero que bonito recordar ese momento las dos sentadas comiendo mango y escuchando sus gratas historias de mi mamá. Gracias por sacarlo de gaveta hoy.

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